En mi experiencia como intérprete de conferencias, he tenido la oportunidad de traducir en una gran variedad de eventos, tanto presenciales como en línea y, en todos ellos,
siempre se pueden distinguir dos tipos de oradores:
EL BUEN ORADOR
EL MAL ORADOR
Si estás leyendo esto es por que te interesa formar parte del primer grupo: el grupo que engancha a su público. Por eso, hoy te traigo tres aspectos que debes cuidar de tu presentación para que tu mensaje no pase desapercibido y dejes un buen sabor de boca a tu audiencia.
El centro de atención eres tú. No tus diapositivas.
La mayoría de oradores utilizan diapositivas par apoyar su discurso y eso está genial. Sin embargo, no es recomendable incluir demasiado texto, ya que el público centrará su atención en leerlo.
Es mucho mejor incluir imágenes y algunas palabras clave que ayuden a recordar lo que estás contando.
Mira al público mientras hablas y nunca les des la espalda.
Un error muy frecuente entre los oradores más principiantes es no saber a dónde mirar. Hay quienes se giran y dirigen su mirada a las diapositivas, y quienes centran toda su atención en una única persona.
Sin embargo, lo mejor es cubrir con la mirada a todo el público: desde la primera fila, hasta la última. De esta forma, darás una impresión de mayor seguridad en ti mismo y podrás ver si están entendiendo tu mensaje o si, por el contrario, es mejor que te detengas en un punto que no ha quedado claro.
Organiza tu discurso teniendo en cuenta el tiempo disponible.
Cuando participamos en un congreso, es muy importante ajustarse al límite de tiempo que nos indican. Por eso, lo mejor es medir de antemano la duración de nuestra presentación para intentar ajustarse al límite.
Menos es más: más vale compartir menos datos, pero hacerlo en un ritmo en el que el público pueda interiorizar tu mensaje, que intentar incluir la mayor cantidad de información posible y que el público no pueda seguir tu discurso por tu velocidad.